|

Casco para
Suecia. 2003.
|
SEGUNDA
PARTE
Grecia
y Roma
»En 1961 marché en un tren jalado por locomotora de carbón
, 48 horas, desde Munich hasta Atenas, a través de Yugoslavia.
Un estudiante griego compró una botella de Slipovitz (licor de
ciruela) y la dejó muy visible junto a una ventana. todos. Todo
el camino le pedimos un trago, pero no convidó a nadie. Llegamos
a Atenas al mediodía. El alboroto entre parientes y estudiantes
que regresaban de vacaciones era impresionante. Mi amigo y yo salíamos
ya para el puerto de el Pireo, cuando de repente, arrancó el
tren y sobre el andén vacío quedó la deseada botella,
¡el avaro personaje la olvidó! Tomamos Slipovitz durante
toda la travesía del Pireo a Creta. Como estudiantes de Arte
no hallamos en dicha isla, salvo Knossos y Festos, sitios arqueológicos
espectaculares, aunque sí mucha miseria y desamparo.
»Una circunstancia especial me hizo famoso allí.
»En la pobrísima ciudad de Rethymnon, que subsistía
del comercio de aceite de oliva, esponjas y raras especies, un pintoresco
cretense nos adoptó a ambos y sugirió que visitáramos
un monasterio para regresar tras pasar la noche a relatar la experiencia.
Detallaré un memorable acontecimiento que empezó a las
4 de la madrugada y terminó tres horas luego.
»El Monasterio estaba ubicado a media altura de una cadena montañosa
que cruza Creta, y las madrugadas como la que pasamos dentro de la iglesia,
en los laterales, eran heladas. Ingresamos de primeros al recinto cuyo
interior iluminado con velas y oloroso a incienso me transportó
a un cuento de hadas. ¡En el polo norte! Sobrevino entonces algo
que describo sin ánimo irrespetuoso (como lo referí luego
a los cretenses), comenzó una misa-espectáculo ortodoxa.
Entraron al templo numerosos monjes, con vestiduras negras y todavía
semidormidos. Dos se situaron junto al púlpito que tenía
en sus cuatro costados, cuatro libros abiertos, y uno emprendió
una lectura cantada. No vocalizaba bien por una flema en la boca y mientras
entonaba carraspeaba para liberarse de ella, enseguida escupió
apenas sin interrumpir su canto. Yo no podía creerlo. Lo mismo
ocurrió con otro monje y así sucesivamente, fue tan portentoso
presenciarlo que hasta olvidé el frío en mis piernas y
soporte quedarme parado.
»Tras un sencillo desayuno con el prior, nos despedimos y regresamos
caminando a Rethymnon. Nuestro amigo cretense nos citó en el
Kafeneion (cafetería) más antiguo de la ciudad, para que
narráramos, a él y a todos sus amigos, nuestras impresiones.
»¡Y que función nos esperaba! Henos allí a
los dos ante muchos cretenses... Sabíamos poco inglés
y menos griego. ¿Cómo complacer aquella multitud expectante?
Empezaron los gritos, "Pedro... Pedro..." (ése era
yo, el nombre de mi amigo no lo podían pronunciar) y a falta
de palabras e inspirado por algunos usos (aguardiente griego)
me entró el diablo y me levanté. Ubiqué una mesa
en el centro, simulé cansancio y froté mis ojos. Mientras
hojeaba un libro invisible empecé a cantar, carraspear y escupir
durante 10 minutos. Sobrevino el caos, se tiraron de risa bajo las mesas,
gritaron como locos, me abrazaron y pidieron que lo repitiera.
»Por supuesto todos eran practicantes y yo hacia obvio lo que
ya conocían desde niños. En vez de tomarlo a mal, lo asumieron
cariñosos y alegres. Aquella velada acabamos ebrios; y en las
semanas siguientes mi fama inundó Creta, y en cada pueblo surgía
el clamor de "Pedro... Pedro...". Repetí el acto muchas
ocasiones y en presencia de monjes. ¡También se desternillaron
de risa!
»En una de mis caminatas isleñas encontré una plantación
de árboles cargados de frutas brillantes, me acosté bajo
una rama y tomé una. Eran naranjas, y por primera vez las veía
fuera de un supermercado. Veinte años luego regresé a
Creta, ya una isla próspera, con hoteles, restaurantes y un espléndido
turismo, alguien me reconoció y fui tratado con inmenso cariño.
»Ese mismo año fuimos a Roma en autostop desde Alemania.
Demoramos tres días. Al llegar nos dedicamos a absorber lo que
esa maravillosa ciudad ofrece. Ya había turismo, pero diferente
y poco. Estuve, íngrimo solo en la Capilla Sixtina, algo hoy
imposible. Una mañana, al final de mi estadía semanal
desperté en el albergue juvenil (en cada habitación dormíamos
8 personas) y me encontré limpio, en la noche me
habían robado todo... papeles, ropa, etcétera. Apenas
con mi pantalón y una camisa que tenía bajo el colchón,
regresé en autostop a mi país.
Picasso y París
»Visité Londres en 1961 para ver la primera retrospectiva
de Pablo Picasso en la Tate Galerie. Ese mismo año conocí
en Francia al propio Picasso. Hacia 1943, éste había escrito
un drama llamado "Cómo se toman los deseos por la cola".
Como estudiantes de Arte, abiertos a la innovación (¡qué
diferencia con Dresde!) y dirigidos por un amigo y compañero,
lo presentamos los demás alumnos (no recuerdo que fuera puesto
en escena en otras partes del mundo). A raíz de ello fuimos invitados
a otras universidades y luego a un tour para dramatizarlo en teatros,
ante el público general. Obviamente, dado lo poco comprensible
del drama éste no gustó a los espectadores, lo cual no
nos importó. Yo hice el afiche promocional con mi libre interpretación
de un diseño de Picasso, quien luego se reunió con nosotros
al sur de Francia y quedó fascinado (tanto con nuestra escenificación
de su obra, como con mi cartel) y me escribió una dedicatoria
en un libro de grabados suyos ("Suit vollard"). Fue un encuentro
emocionante, con sus grandes ojos mirándome me sentí único...
el único en el mundo al que Pablo Picasso atendía en ese
instante. Años después, la forma como él escribió
mi nombre la convertí en mi marca comercial para una línea
de T-shirts.
»Del primer viaje a París, recuerdo "Les halles"
el viejo mercado (en cuyo sitio queda ahora el Centro Cultural Pompidou)
durante una madrugada soberbia en que vi llegar de todos los rincones
de Francia transportes con toda clase de alimentos que en la mañana
se ofrecían para la venta. Pero no comí la famosa sopa
de cebolla, nunca me gustó la cebolla (con todo en la obra de
Picasso mi personaje se llamaba Cebolla ). Preferí
un rico pan baguette con salami y queso. Luego pregunté en una
taberna oscura por el baño y me indicaron una puerta. Entré
y no vi inodoro, ni nada, volví a indagar confundido y me señalaron
en el extremo del supuesto baño un hueco en el piso y unas agarraderas
en la pared. Primeros encuentros con otras culturas...
»Lucien Clerque, hoy uno de los más famosos fotógrafos
de Francia, me presentó, en atención a mi interés
por el teatro, a Jean Cocteau con quien puede hablar en alemán
(lo dominaba por su relación con el teatro de Dusseldorf, donde
se presentaron varias de sus obras). A propósito de Clerque,
quien ilustró con sus fotos el libro de Paul Eluard "Nu
de la mer", lo acompañé a fotografiar desnudos en
el Mediterráneo. Y con otros organice su primera exposición
de fotos en Dusseldorf. Años adelanté él sería
invitado por el Museum of Modern Art en New York a exhibir su obra.
Suramérica
»Al concluir estudios en Dusseldorf apliqué a un puesto
en la Academia de Arte en Estambul, pues me fascinaban el cercano Oriente
y su ambiente arqueológico. Además, ellos me ofrecieron
empleo. Simultáneamente recibí la invitación de
Kurt Müller para marchar al Ecuador, con su hijo, mi condiscípulo
Mario, quien también terminaba su aprendizaje. Accedí
y, tras 14 días en un barco bananero, arribé a la tierra
que me enamoró. Al subir de Guayaquil a Quito, vía terrestre,
todo me cautivó tanto que al llegar a la capital ¡ya sabía
que esa sería mi patria! Encontré un país que ofrecía
cariño, era humano, auténtico y facilitó mi desarrollo
en actividades que me era imposible realizar en Alemania. Me enamoré
de él y cuanto más me entregó, más quise
darle. El dar y el recibir en abundancia, están condicionados
siempre por mucho trabajo y una intachable conducta.
Influencias
»En tiempos de la escuela nocturna no tuve influjo alguno, aunque
admiré la obra y la habilidad para dibujar de algunos compañeros.
Ya en Dresde, rodeado de estudiantes con variados intereses en torno
al arte y los artistas clásicos, me fascinaron los dibujos y
grabados de Rembrandt, su tratamiento del claroscuro. Hay dibujos y
grabados míos que surgieron de esa admiración. Asimismo
los artistas del Renacimiento italiano fueron importantes referencias
para mí por su trato de las figuras y los paisajes. Pero fue
el choque visual con el arte occidental, desconocido para mí,
el que me cautivó.
»Picasso fue un impacto increíble, más su obra gráfica
que su pintura. En tanto nosotros habíamos sido educados para
diseñar todo correctamente, él con portentosa
libertad trató la figura de manera diferente, la movió
y deformó hasta conseguir una armonía desconocida. Me
asombró tanto que mis figuras eran Picassos me
despreocupé por ello lo importante era romper esa coraza
que me impedía ver y crear sin perjuicios. Resumiendo, Picasso
me libró y enseñó que los reglamentos deforman
el talento.
»Alguna vez, estuve tentado a entrar por mi amistad con un compañero
a clase de escenografía con Theo Otto, uno de los más
famosos en ese arte entre los años 50s y 70s, amigo
de Berthold Brecht y creador de las primeras escenografías para
Brechts, Madre, Courage y otros. Theo Otto miró mi obra y dijo
no te acepto ¡podría ser que un buen grafista
se convirtiera en un mal escenógrafo!
»Admiré mucho a un compañero, el estudiante Mario
Müller, con quien ahora somos como hermanos. Mario venía
del Ecuador (adonde su padre me invitó luego), tras breves estudios
en México y simpatizamos desde el principio. Las figuras que
dibujaba eran para llorar, pero tan bellas, expresivas y libres como
conceptos que me sentía casi violado con mi obra tan académica.
Mario, en comparación, admiraba mi trabajo (que tenía
lo que él deseaba hacer) sin advertir que en calidad temática
estaba a años luz de distancia. Nuestro profesor se exasperó
con él por su dibujo inconforme e irrespetuoso de la anatomía.
Y de todo. Un día lo mandó al pasillo a dibujar unas réplicas
de los esclavos de Miguel Ángel. Los pasillos de la Academia
eran grandes, altos y muy concurridos en los descansos. Al rato, el
Profesor fue a supervisar los dibujos de Mario y lo hizo regresar a
(tan asustado quedo con las "obras" que ¡prefirió
no exponerlas a la vista de nadie!
»Hoy Mario vive en Quito y es doctor en Psicología, años
atrás dejó la pintura, aunque todavía hace dibujos
increíbles, además escribe, se involucra en cine y es
un hermano maravilloso. Su padre, ya fallecido, fue un inmigrante judío,
Kurt Müller, quien llegó al Ecuador en 1938. Se hizo empresario
en Quito y fundó la primera lavandería en seco del país.
Todos sus parientes, excepto una hermana, fueron asesinados por los
Nazis. Sus papás tenían gran relación con intelectuales
de entonces (en especial de Dresde de donde eran), entre ellos el artista
Oskar Kokoschka quien al ver su talento quiso tomar a Kurt absolutamente
autodidacta, como alumno maestro. Aunque sus padres no lo permitieron,
su vocación no se frustró y emergió con increíble
fuerza, después que cumplió 65 años en Quito, Kurt
se convirtió en un artista, sobresalió en grabado, fue
profesor de Bellas Artes e hizo exposiciones internacionales. Al morir
dejó un gran legado. Es el verdadero padre del grabado ecuatoriano.
Para mí fue asimismo un padre cuyo ejemplo, sencillez y creatividad,
me generan eterna gratitud, particularmente su comprensión por
haberme aceptado en su familia, a mí, un Alemán,
habiendo ellos ejecutado a toda su familia. Era un gran humanista y
un incansable creador de obras que hoy pertenecen a varios museos del
mundo, a coleccionistas privados y primordialmente al Museo del Banco
Central del Ecuador.
Un logo famoso
»En más de cuatro décadas ejerciendo diseño
en Ecuador, afronté muchos clientes, primero en una agencia y
después de un Estudio. Como copropietario de una Agencia y Ejecutivo
(Director de Arte) tuve contacto directo con la dirección de
varias empresas y si tuviera que narrar lo vivido con ellos, acabaría
escondido en alguna isla remota. Cuanto pudiera revelar: peripecias
entre Agencia y Cliente, presiones e injusticias contra nosotros, todo
llevaría a la tumba. Por ello, tras 20 años de participación
en la Agencia, decidí separarme. Y mi vida cambió del
todo. Hay sin embargo un cliente, a quien rindo homenaje, pues su actitud
me demostró que un país puede progresar si existen personas
con conocimiento y carácter que consiguen cambios estructurales,
es el desaparecido banquero Marcel Laniado. Fundó a principio
de los 70s un nuevo banco que rompió con obsoletas idiosincrasias
y abrió camino a la banca ecuatoriana hacia nuevos horizontes
con responsabilidad a todo nivel social.
»Nuestra historia está relacionada con el diseño.
»Mediante un amigo, Marcel Laniado me hizo saber que deseaba verme,
como Peter Mussfeldt y no como ejecutivo de Agencia. Quería que
diseñara el logo del futuro Banco del Pacífico. Nos encontramos
una noche, en una oficina improvisada, y calurosa. Yo, cansado por la
jornada de trabajo, hallé un hombre de tez oscura, gruesos lentes,
guayabera blanca y mirada adusta. El piso estaba empapelado con prospectos
de logos para el Banco. Apenas nos saludamos el ambiente se puso tenso
pues pidió mi opinión sobre aquellos logos. Me negué
de plano y dije que me habían contactado para que diseñara
un logo y no para juzgar proyectos ajenos. ¡Uff... no fue buena
entrada! Me miró desafiante y no contestó. Le solicité
que me hablara del futuro banco. En hora y media, y con increíble
brillantez me explicó todo desde la estructura tecnológica
hasta la misión social.
»Medio abrumado, expresé mi contento... "tengo dos
condiciones, si las acepta, estaré dispuesto a diseñarlo".
Me devolvió una mirada incrédula y dijo: "¡usted
me pone condiciones!...". A lo cual repuse: "Sí, señor
Laniado, ¡yo soy el diseñador!". Pareció convenir...
"¿y cuáles son sus condiciones?". Repliqué:
"Primera, ¡no acepto cambios en lo que diseñe¡;
"¡No puedo admitirla¡" objetó y agregó
luego: "¿y la segunda?". "¡Si rechaza la
primera no habrá segunda!", insistí. "¿Quiere
decir que no puedo dar mi opinión y debo aceptar lo que usted
proponga?", argumentó. Contesté: "No. Si le
disgusta la propuesta inicial, trabajaré otra, ¡pero ninguna
permitirá cambios!". "Bien, tomaré esa condición,
¿cuál es la segunda?". Le di mi VALOR, casi se desmaya;
y se negó rotundamente a pagarlo. Exclamó: "¡Cómo
voy a pagar algo sin antes verlo!". Contradije: "usted habló
de un sistema de computación IBM y va a implantarlo sin conocer
lo que hará pues diseñarán algo muy especial para
el Banco. Confía en su imagen y calidad, ¿no? Igual es
conmigo, ¡me seleccionó por imagen y calidad!". ¡Y
aceptó¡, lo que aproveché para pedir un favor adicional:
"Como mi participación tendrá trascendental importancia
y será la imagen de marca del nuevo banco, le solicitó
me conceda la cuenta número 1". ¡Y aceptó de
nuevo!
»Días después aprobó como logo, mi primera
propuesta y entregó a nuestra Agencia la cuenta prometida (que
hoy mantiene todavía aunque el Banco perdió mucha identidad,
con la muerte de Laniado y la fatal crisis bancaria ecuatoriana).
»Era el año de 1972.
»Las épocas de la Agencia me dejaron buenas relaciones
con numerosos clientes. Y también fidelidad, pues, tras abandonarla,
muchos de ellos encomendaron a mi Estudio Versus, el desarrollo de imágenes
visuales de sus productos, aunque continuaran con la Agencia en otros
servicios.
Colombia
»Referente al diseño publicitario no tengo relación
alguna con su país, pero sí a escala artística.
Hace años me vinculé algunos meses al Taller de Humberto
Giangrandi y trabajé una obra gráfica con ediciones de
grabados y serigrafías. Conocí varios artistas, incluidos
los del taller. Al principio me miraban como bicho raro. Tuve ciertos
problemas técnicos y mostré torpeza en algunas cosas,
pese a ser grabador y dominar la materia. Cuando empecé a trabajar
con seguridad surgió el aprecio y se transformó luego
en confianza y respeto frente a mi obra.
»Fueron meses de intensa labor. Solo, en una zona céntrica
de Bogotá, insegura e incómoda. Pero trajiné de
la mañana a la noche. Se me helaban las manos y tuve que calentarme
con un secador de pelo. Sin embargo cultive amistad con algunos acompañantes
ocasionales, y disfruté comidas, tragos y conversaciones que
me aportaron mayor comprensión de la creatividad artística
colombiana. Inolvidables recuerdos. ¡Lástima haber perdido
esos contactos!
»Desconozco la Colombia actual, por ello es maravilloso este primer
contacto con ustedes. Seguro será una puerta abierta, desde ahora.
Tampoco tengo idea de lo que hacen ustedes y lo que podría interesar
a sus industriales y empresarios del nuestro diseño. Quizá
en el futuro pueda hablar del tema.
Fracaso
»Duele que un trabajo relevante choque contra la incomprensión
o, peor aún, la incompetencia. En diseño publicitario
los rechazos pululan, más por opiniones encontradas acerca del
mercado que por calidad. Son desilusiones, no fracasos.
»Fracasé en una empresa de ropa deportiva que hice con
unos amigos. Además de enfrentar la competencia del contrabando,
hubo divergencias. Mi parte era la creativa, fundamentalmente gráfica,
y las piezas impresas diseñadas con más originalidad se
comercializaron mejor. Pero nuestra innovación fue cuestionada
a menudo y los franquiciadores me obligaron a idear colecciones y mostrárselas
cada semestre sin conocimiento de mis socios quienes se molestaron cuando,
contrario a su criterio, dichas colecciones cerraron inesperadas ventas.
Dejé el negocio, poco después ellos me siguieron. Un completo
desastre. Perdí mucho dinero.
»Tuve otro chasco con dos exposiciones de tapices en Colombia.
Una en la sala principal de la Biblioteca Luis Ángel Arango de
Bogotá y otra en la Sala Pedro Botero del Museo Zea en Medellín.
A la inauguración de la primera llegaron apenas ocho personas,
la segunda contó con escasas cinco (dos eran mis amigos). Aunque
los museos no hicieron promoción y en Bogotá, me parece,
se reinauguraba el mismo día una exposición de Botero,
con él presente, fue deplorable. Con un agravante, según
creo, a la fecha (198?) en Suramérica solamente había
dos creadores de tapices: Olga Amaral en Colombia y yo en Ecuador.
»Mis grandes descalabros, estuvieron en la parte creativa. Invertí
tiempo y dinero en lanzar al mercado innovaciones (fuera del área
publicitaria), cuyos diseños fueron copiados al instante, como
tapices y alfombras, que otros imitaron con conceptos similares, pero
malos diseños. Igual mis camisetas y T-shirts fueron vilmente
copiadas en color y diseño. ¡Ni las demandas frenaron tales
abusos! Asimismo en el mercado internacional, fracasé con un
concepto gráfico nuevo para T-shirts, pues se irrespetaron mis
lineamientos (previstos en detalle) sobre dónde y cómo
se comercializaría la línea. ¿Falta de visión?
¿de fe? ¿incompetencia?
»Vaya uno a saber.
Familia
»Del primer matrimonio tengo dos hijos. Ambos casados. Joaquín,
el mayor, tiene tres hijas y vive en Guayaquil, él y su esposa
se dedican a la administración. Santiago, el segundo, reside
en Estados Unidos y trabaja como Director de Arte en una Agencia de
Publicidad, su esposa es Copy Senior en otra agencia. Tiene a su haber
varios premios y el año anterior obtuvo el segundo premio a nivel
USA por el mejor Portafolio. Recién se publicó algo suyo
en la Revista Graphis "New Talent Design"; así que
existe una continuidad en la línea publicitaria, aunque no en
otras expresiones creativas. Pero apenas tiene 28 años y seguro
que, una vez sature su interés actual, se abrirá a otras
cosas.
»Hace veinte años me volví a casar. Nuestra hija,
Karla, pronto cumplirá 18 años y se graduará de
bachiller. Piensa estudiar Arquitectura, pero hasta aún no se
ha decidido. Mi esposa María Mercedes, ecuatoriana, colabora
conmigo en la oficina a nivel administrativo y es mi confidente. Juntos
balanceamos pros y contras, y aunque no siempre sean acertadas siempre
compartimos responsabilidades. Vivimos muy retirados del ruido mundanal,
somos exigentes con las amistades y pasamos muchos fines de semana en
nuestra casa junto al mar. Allí disfrutamos la compañía
de nuestros amigos, y buena conversación, comida y bebida. Está
en un sitio maravilloso llamado Playas.
CONTINUA
|