Viernes, 18 de agosto 2017

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África, Colombia, Latinoamérica / 01.Jun.2016 / Diseño Industrial

El tejido de los sueños

Diana Sierra

por:

La diseñadora colombiana Diana Sierra partió de la tenacidad de las mujeres ugandesas, para plantear dos proyectos que están transformando la vida de un país sin mar.

Ruhira es uno de los pueblos más pobres del suroeste de Uganda, la mitad de sus cincuenta mil habitantes sobrevive con poco menos de un dólar diario; la mayoría de su población se dedica a la agricultura en una tierra fértil pero con serios problemas de deforestación y degradación ambiental. Es también una de las catorce comunidades elegidas por el programa Millennium Villages, del Earth Institute de la Universidad de Columbia y la Organización de Naciones Unidas, como escenario para encaminar proyectos  encaminados a superar la pobreza.

Las mujeres hacen el 90% del trabajo rural incluyendo la deshierbada, preparación de tierra y procesamiento de alimentos. Así como las leonas salen de caza y regresan con su presa para que los machos coman antes que los demás miembros de la manada, las mujeres del África rural permiten que las decisiones financieras sean generalmente tomadas por los hombres, quienes al final, disponen del dinero proveniente de las cosechas.

En Ruhira y en general en toda Uganda, las mujeres tienen una vida perseverante, son las responsables del hogar y la producción agrícola de su país, la despensa de África. El papel femenino es el más importante en la economía nacional y el que recibe menos crédito, algo históricamente comprensible en una nación que sometió a las mujeres a los deseos de sus padres, hermanos y esposos. Aún en la década del ochenta, en las zonas rurales de Buganda, el mayor de los reinos tradicionales ugandeses, debían arrodillarse al hablar con un hombre y aunque esta práctica ha desaparecido, su condición de inferioridad se mantiene en la escasa educación, la mayoría de la población analfabeta es femenina.

«No entiendo de dónde sacan la sonrisa estas mujeres»

Ellas saben que son la cabeza de su sociedad por tradición, pero no son conscientes de que su potencial no sólo basta para mantener al país, sino también para su desarrollo personal. En este escenario, la diseñadora colombiana Diana Sierra propuso a las mujeres de Ruhira, que aprendieran un oficio del cual podrían obtener provecho económico alternativo al cultivo de la tierra.

No entiendo de dónde sacan la sonrisa estas mujeres, el trabajo en el campo es terriblemente agotador para ellas porque no tienen ayuda, sus esposos pasan los días bebiendo y sus hijos en la escuela. En Ruhira es muy común que los hombres no respondan por sus familias, tengan cuatro o cinco mujeres y cada una de ellas cinco o seis hijos.

A esta situación se suma la falta de educación sexual frente al VIH, esto pone en riesgo no sólo a los portadores, si no a sus esposas e hijos, quienes resultan víctimas por contagio o por ser huérfanos a muy temprana edad. Cuando uno llega a este pueblo, realmente empieza a ver situaciones que no parecían posibles, yo nunca había estado en África central y cuando llegué me conmocioné mucho, la falta de infraestructura es grandísima. Colombia está en vía de desarrollo, pero las condiciones son muy diferentes.

Mujeres en Ruhira (Uganda). Cortesía: Diana Sierra
Mujeres en Ruhira (Uganda). Cortesía: Diana Sierra

Imaginar que el acceso a las oportunidades puede hacer una gran diferencia en la vida de alguien y trabajar por hacerlo posible, es una actividad tan digna como compartir y poner al servicio de otros, las habilidades y el conocimiento propio. Aunque inicialmente Diana Sierra llegó a la vereda para hacer su pasantía en el programa Millennium Villages contribuyendo a mejorar las prácticas productivas de una cooperativa de caficultores y trabajando con una grupo de mujeres artesanas, pronto identificó que el problema era la minusvalía de los productos, pues el café se vendía a un precio muy bajo porque se secaba sin despulpar y las mujeres sólo hacían artesanías con hojas de plátano porque era el único material disponible.

«Sostenibilidad es facilitar el acceso a herramientas que pueden mejorar la vida»

Al final, ambas cooperativas estaban perdiendo dinero y oportunidades por la falta de maquinaria y materiales. Así que Sierra redirigió su atención a las necesidades de los habitantes y viendo a Ruhira como el patio de juego de un diseñador, se empeñó en propiciar una asociación de trabajo colaborativo, una alternativa de negocio sostenible para que las mujeres mitigaran sus necesidades con ingresos propios.

Cuando las conocí, me enteré que llevaban cerca de tres años reuniéndose esporádicamente para trabajar la artesanía, hacían piezas admirables pero de baja calidad, así que proporcioné los materiales y los instructores que enseñaron el arte de elaborar accesorios a partir del tejido de canutillos. Las aprendices enfocaron instintivamente su trabajo en productos extremadamente laboriosos, con un valor comercial muy alto que da a la cooperativa una ventaja competitiva en el mercado de artesanías tipo exportación, al tiempo que convierte el esfuerzo artesanal en una alternativa para la generación de recursos en una cadena productiva.

Cuando pienso en ellas me quedo sin palabras. Cada una es un ave fénix, todas son admirables. Esta experiencia me hizo entender que ’sostenibilidad’ es facilitar el acceso a herramientas que pueden mejorar la vida. No me equivoqué al contar con la entrega de estas mujeres, sólo así es posible vincular los recursos de esta tierra alta y montañosa, con proyectos pequeños y mercados globales.

Evaluación de prototipos. Cortesía: Diana Sierra
Evaluación de prototipos W4. Cortesía: Diana Sierra

Alto y montañoso es también el municipio de Santuario en el departamento de Risaralda, donde creció esta colombiana. Haber vivido su infancia en una zona rural, le hizo entender las dificultades que se presentan cuando alguien no tiene las mismas oportunidades que los demás. Siempre quiso integrar el desarrollo de proyectos con comunidades a su carrera; así que poco más de siete años después de recibirse como diseñadora industrial, Sierra decidió inscribirse en la maestría en gestión de la sostenibilidad de la Universidad de Columbia e ir hasta Uganda para hacer su práctica. Cuando llegó a Ruhira el primero de junio de 2011, vio mujeres con tanto potencial, que su estadía se convirtió en una oportunidad de enriquecimiento mutuo.

Los ugandeses son muy parecidos a los latinoamericanos, me sentí como en casa. La similitud en hospitalidad es enorme y eso llena el corazón. Hay una situación común entre Colombia y Uganda: el trabajo en el campo es muy duro y no hay seguros para nada, si cae una granizada, hay sequía o llega una plaga y daña la cosecha, el campesino es el único que responde por las pérdidas. Nadie salvo las mujeres que cuidan la tierra, acude cuando algo malo sucede en las plantaciones de Ruhira.

El desarrollo económico de la población femenina en las zonas rurales ha sido un gran desafío debido a la profunda discriminación y desigualdad de género, las diferencias en cuanto a propiedad, medios de producción y trabajo son abismales, por eso los proyectos de capacitación técnica y formación de cooperativas para acceder a fuentes alternativas de ingresos son cruciales. Estos promueven la independencia económica de la mujer e incrementan las posibilidades de generar una cadena de empleo sostenible y remunerado que les permita mejorar su calidad de vida y la de sus familias.  

Equipo de Ekirooto. Cortesía: Diana Sierra
Equipo de Ekirooto. Cortesía: Diana Sierra

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El costo de la educación excede la capacidad de pago de las madres africanas quienes invierten su dinero en pagos trimestrales a escuelas y artículos básicos para sus casas.  El deseo de alcanzar una independencia económica es la principal motivación para las mujeres que trabajan en la cooperativa. Así, lo que inició con un entrenamiento en técnicas artesanales hoy es una empresa, se llama Ekirooto (El sueño), tiene un portafolio de productos y una cadena de producción sostenible: las mujeres compran los materiales base a precio de mayoristas, venden sus creaciones en tiendas como Banana Boat, ubicada en Kampala, capital de Uganda y obtienen un beneficio económico.

Jeninah Kwarikunda tiene cuarenta años, es madre de seis hijos y perdió a su esposo hace siete años a causa del VIH y es portadora del virus. Para las treinta y dos mujeres del sueño hecho realidad, Jeninah es un ejemplo a seguir por su fortaleza, la respetan por ser la embajadora de la cooperativa y la única que ha salido del país para hacer mercadeo de producto.

«Las oportunidades de hacer buen diseño están en todas partes»

Las oportunidades de hacer buen diseño están en todas partes, es sólo cuestión de tener mente abierta e iniciativa de tomar cualquier problema como punto de partida para una solución. Tengo algunas muestras de Ekirooto en Nueva York y las voy a presentar a unas boutiques. En realidad creo que el mundo merece conocer estos productos maravillosos de Ruhira, se trata de llevarlos a otro nivel, como cuando fuimos a Nairobi con Jeninah, ese día ella no cabía de la dicha.

Seguramente jamás imaginó dejar su tierra para salir del país a hacer negocios representando una cooperativa que ha construido con sus manos. Decidí asumir los costos del traslado porque ella ya había entendido el diseño y calidad en la producción de artesanías, era hora de que viera otras cosas. Estoy convencida de que gran parte de los aportes e ideas que pueden transformar una comunidad devienen de procesos espontáneos, de pura observación e interacción con la gente. 

Ekirooto. Cortesía: Diana Sierra
Ekirooto. Cortesía: Diana Sierra

Si bien el preludio de un buen proyecto de diseño no cuesta más que curiosidad y contemplación, su desarrollo implica el compromiso de fuentes humanas, técnicas y económicas. De hecho, el mayor obstáculo que tuvieron que sortear las mujeres de Ekirooto, fue la concepción errónea de que una actividad económica sostenible es aquella que no requiere ningún tipo de inversión para funcionar. Pensar que sólo se puede trabajar con materiales locales y de bajo o ningún costo, limita las posibilidades de explorar otras ideas donde la oportunidad de negocio está en capitalizar en diseño y mano de obra.

Para hacer negocios se necesita invertir, el dinero es básico para el desarrollo de un producto, pues toda idea necesita capital inicial para despegar. Desde el momento en que Sierra ofreció sus recursos para entrenar a las artesanas hasta el desarrollo del portafolio, pasaron seis meses durante los cuales los esfuerzos se concentraron en maximizar el provecho de la inyección económica inicial, tomar conciencia de la importancia de estandarizar protocolos de producción para garantizar la calidad del producto final, lucir profesionales y buscar los primeros clientes.

«Tiene que haber algo que como diseñadora, yo pueda hacer»

Mientras el sueño en Ruhira tomaba forma de la mano de las mujeres, Diana también trabajaba en el desarrollo de W4 (Hoy BeGirl), un proyecto que surgió de manera espontánea cuando tuvo su primera visita a la aldea y en una conversación con la persona encargada del sector educativo, escuchó que la deserción escolar es casi del 40% en las jóvenes por escasez de toallas sanitarias económicas.

Como mujer y diseñadora sentí la necesidad de encontrar una solución viable al problema, un diseño de producto apropiado que se ajustara al ambiente y recursos locales, que pudiera producirse en la misma aldea y sobre todo, que fuera capaz de crear una microempresa para generar empleo e ingresos en la localidad. Me acuerdo que cuando escuché eso se me puso la piel de gallina, llegué a la casa y me dije: tiene que haber algo que como diseñadora pueda hacer.

Diana Sierra elaborando el primer prototipo de W4 / BeGirl
Diana Sierra elaborando el primer prototipo de W4 / BeGirl

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Ofrecer un producto sostenible y de bajo costo en el mercado local para suplir las propiedades y conveniencia de las toallas desechables, no sólo mejora las condiciones de salud e higiene de la población escolar femenina, sino que potencia las oportunidades de culminar sus estudios. Este modelo de toalla higiénica fue una apuesta personal de Sierra que inició con una etapa de desarrollo de prototipos, se perfeccionó mediante un periodo de evaluación, y se encuentra en manufactura y mercadeo de producto a través de una cooperativa de trabajo asociado con mujeres de la misma comunidad en Ruhira.

El primer modelo exploratorio hecho para W4, se creó con nylon impermeable de una sombrilla, una cobertura permeable de malla para cortinas y cinta velcro en los extremos, todas estas materias primas son de fácil acceso en los mercados textiles de Kampala. De la valoración del prototipo realizada por estudiantes de la escuela rural, se extrajeron sugerencias de diseño para el producto final como entregarlo en un paquete de dos o tres piezas para que se puedan intercambiar entre horas de clase, presentarlo en dos volúmenes para varios tipos de flujo, con una bolsa impermeable adicional para guardar la tela de relleno mientras se llega a casa y ofrecerlo en diferentes colores.

Esto fue vital, de hecho, en África no se ve ninguna prenda o accesorio de color negro, todo es muy vivo, muy colorido. Al final, este diseño funciona tal como lo hacen los modelos desechables convencionales, sólo que los materiales han sido reemplazados por una funda reusable hecha de textiles duraderos y fácil de lavar, que puede ser rellenada con papel higiénico o tela de acuerdo a los recursos económicos y acceso al agua. 

Introducción W4. Cortesía: Diana Sierra
Introducción W4. Cortesía: Diana Sierra

Después de la fase de evaluación, W4 fue presentado a Living Goods, una organización no gubernamental, que opera en Uganda con el fin de incentivar cadenas de distribución sostenibles para combatir la pobreza y las enfermedades. El resultado no podría ser más emocionante, esta ONG decidió hacer una orden de mil unidades para un proyecto piloto de distribución y aceptación del mercado. Después de superar cuatro meses de gestación, W4 se empezó a producir  a pequeña escala con el fin de hacer pruebas de campo.

«El plan es concentrarme en el proyecto de las toallas sostenibles»

La idea siguiente fue registrar el producto  en la Cámara de Comercio de Kampala para su venta a Living Goods, UNICEF y puntos de distribución locales como escuelas y centros de salud. Doreen Ayebake, quien vive en Ruhira, ha sido elegida para liderar la microempresa productora de W4 y trabajar en la etapa final de desarrollo de producto con la organización.

El plan es concentrarme en el proyecto de las toallas sostenibles; he visto algunas soluciones hechas con algodón y materiales que no son resistentes y sé que mi diseño es mucho mejor. En gran parte de África, Asia e incluso en zonas rurales de Latinoamérica, podría ser muy útil, quiero presentar mi idea a UNICEF para estudiar la posibilidad de crear células de manufactura de W4 en áreas rurales.

Les prometí a mis chicas que volvería. En Ruhira me llené de ideas nuevas sobre el diseño, las mujeres del pueblo saben que su comunidad tiene mil sueños  y todas entendimos que con dedicación y adaptabilidad de ideas a contextos específicos, se puede cambiar el curso de la historia. 

Propuestas W4. Cortesía: Diana Sierra
Propuestas W4. Cortesía: Diana Sierra

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La experiencia de  W4  y Ekirooto es una muestra de que el diseño puede mejorar la vida de las personas en todos los niveles, enfocándose en recursos locales para ofrecer soluciones pertinentes y sostenibles. Más allá del área en la que se enmarquen las propuestas, la base fundamental de su éxito son las aspiraciones humanas.

Este es el valor más importante de los proyectos de Diana Sierra, porque si un puñado de mujeres soñó con convertirse en empresarias para superar su situación de pobreza y unas jóvenes con asistir a todas las clases para terminar su escuela en Ruhira; cualquier alternativa de diseño que incluya las aspiraciones de una comunidad, habrá de ser ejemplar y sostenible.

Artículo impreso
Edición 77