Jueves, 27 de julio 2017

NOTICIAS

/ 23.Jul.2015 / Joyería

Hecha de fuego

Porcelana contemporánea

por:

Es común ver productos con la etiqueta “de autor” que son encasillados en una suerte de corriente alternativa, autogestionada, con pretensiones independientes e incluso, restringidos a una sospecha de exceso o gasto vano. Más allá de la discusión sobre qué tanto de esto puede ser o no verdadero, vale la pena volver la mirada sobre un área del diseño en la que hoy justamente el “autor” define su carácter: la joyería contemporánea.

En este marco, presentamos una entrevista con la joyera contemporánea Patricia Gallucci, quien enfoca su obra en piezas de porcelana.

Patricia Galluci estudió diseño de indumentaria y fotografía en Buenos Aires, después de eso terminó su carrera en diseño industrial. Vivió en Barcelona, hizo una residencia artística en la Universidad de Birmingham y participó como artista permanente en la galería Alliages (Lille, Francia) y en la Galería Siesta (Barcelona).

Fue quien organizó las primeras muestras de joyería contemporánea argentina en Munich y actualmente dirige junto a dos colegas suyos, el Proyecto Ojalá para la difusión de la joyería contemporánea a nivel internacional. Sus días transcurren entre clases, los artículos que escribe para una publicación británica especializada en joyería, y esos proyectos personales que en su taller, se confunden con los profesionales .

¿Por qué decidió centrarse en la joyería?
Porque comencé a transitar otros espacios, a conocer otras formas de hacer y descubrí que la joyería contemporánea era la disciplina perfecta en la que podían convivir todas mis pasiones. Podía pasarme horas investigando, trabajando en el taller, haciendo piezas con mis propias manos. En un principio veía a la joya como un objeto utilitario-ornamental. Con el tiempo fui creando una relación con ese objeto e indagando en la intimidad que generan mis piezas con el cuerpo. La joyería contemporánea me permite expresarme, conectarme conmigo misma y con el mundo.

«Una actividad transdisciplinar entre arte, diseño y artesanía»

¿Cómo entiende la joyería contemporánea?
Esta definición está en constante debate, así que la entiendo como la vivo: como una actividad transdisciplinar entre arte, diseño y artesanía, a través de la cual me cuestiono quien soy, me enfrento a mis miedos y propias contradicciones; mis piezas son parte de mí, un reflejo de mi mirada.

Entonces esta definición está ligada con el proceso de creación…
A veces el proceso de creación es más racional, otras conceptual o visceral. Una joya es un objeto que valoramos, trato de construir ese valor a partir de estas herramientas. Hago desde joyería en metal y experimental hasta joyería efímera… Es normal que tengamos la necesidad de definir, poner un rótulo, pero no vivo en base a esa definición; siento que soy un ser en constante crecimiento.

¿Cuáles son sus materiales y texturas favoritas?
Me fascina la experimentación con distintos materiales, su transformación, cualquiera sea su procedencia, aunque prefiero los naturales. Soy curiosa, me gustan los desafíos. Soy paciente y perfeccionista, por lo que le dedico mucho tiempo a la investigación. Trabajé con sulfatos, descarte industrial y textil, fibras naturales, papel, escamas de corcho, maderas recuperadas de instrumentos musicales, gres y ceniza volcánica. Mi pasta de porcelana está presente siempre, con la que tengo una relación de amor/odio. Siempre trabajo en espesores delgados, allí descubro la delicadeza de cada material. La belleza de lo imperfecto: sus grietas, quiebres, rugosidades, sus transparencias, y superficies sin brillo. Mi material favorito siempre es el que estoy por descubrir.

¿Y cómo fue su paso por Birmingham University?
La Escuela de Joyería es una mega escuela, allí podía utilizar todas las instalaciones y herramientas, a cambio de dar clases a 48 alumnos de todas partes del mundo una vez por semana. También tuve la oportunidad de acompañar el trabajo de alumnos del master. Fueron meses muy intensos, en los que me tomé el tiempo para experimentar en procesos que no conocía o que no podía realizar en mi taller en Buenos Aires como el electroformado, la soldadura láser, esmaltado, fundición en hueso de jibia, o ver los trabajos de otros artistas residentes en prototipeado rápido y trabajos a partir de imágenes por ultrasonido.

«Uno nunca sabe con qué se encontrará al abrir el horno»

¿Qué cambió durante esta experiencia?
Iba con la idea de trabajar con scrap industrial (Birmingham es la cuna de la revolución industrial por excelencia), pero una vez allí me di cuenta de que todo descarte se procesa, y conseguirlo me llevaría mucho tiempo. Mientras tanto, desarrollé el proyecto de trabajo que había presentado. Durante los primeros meses, saqué fotos, escribí mucho sobre lo que significa para mí como artista trabajar con piezas frágiles.

Descubrí qué quería hacer, trabajar con mis propias trabas y frustraciones.. Sentí que tenía que retomar la porcelana. Me entusiasmé con trabajar con la “bone china” y luego con una porcelana australiana, pero estas pastas comerciales eran muy distintas a lo que yo conocía. Fue un viaje de mucha adaptación, tanto al clima de lluvia constante, a la lengua y a otra cultura, pero es algo que está adentro: la búsqueda constante, el conocer, ampliar mi cabeza, renovarme.

¿Qué tiene de particular el trabajo con la porcelana?
Creo que es uno de los materiales que más me conecta con la tierra, con lo primitivo y mi infancia; modelarla con las manos me relaja profundamente. Las artes del fuego son mágicas, tienen mucho de sorpresa, uno nunca sabe con qué se encontrará al abrir el horno. Al principio me enojaba cuando las piezas salían deformadas, pero después acepté esa singularidad del material.

Cuando empecé a investigar la porcelana no sabía dónde me estaba metiendo; en la Argentina es bastante rara, ya que las materias primas más adecuadas no son propias de nuestra tierra y no se importan. Esta situación me llevó a investigar para realizar mi propia pasta, lo que es un constante desafío y adaptación. Por suerte siempre conté con el asesoramiento técnico de mi maestro y la ayuda de otros ceramistas que admiro y quiero. Trabajar con porcelana es un proceso de frustración, aprendizaje, aceptación y recompensa.

¿Y de qué se trata su última colección?
Mi última obra es una continuación de la que comencé en Inglaterra, a la que llamé Broken. Eran aparentes rocas de porcelana que al romperse mostraban algo nuevo dentro, reflejaban el sentimiento de que todo es frágil, nada es eterno. Actualmente trabajo con piezas que se rompieron en el proceso, reconstruyéndolas, dándoles una segunda vida. También estoy haciendo unos collares de ramitas de porcelana que pueden romperse para generar una nueva articulación a la pieza. Me gusta generar intimidad entre la joya y su portador. Hay que animarse a usarlas, dejarlas ser.

«Proponemos crear una joyería permeable»

¿Cómo es vivir de la joyería?
No es nada fácil. La Argentina tiene sus momentos económicos particulares, la mayoría de las tiendas sólo toman piezas por consignación y no existen galerías especializadas en joyería contemporánea artística, como tampoco un mercado coleccionista. Por ello comercializar piezas de porcelana frágiles, es sumamente difícil. En el exterior hay más mercado para este tipo de piezas, pero el envío de las mismas es difícil. Me integro al mercado argentino haciendo líneas de diseño en las que combino procesos artesanales con semi industriales, hasta pequeñas series realizadas a mano con diferentes materiales.

Y aparte de las piezas de joyería , ¿qué más hace?
Me encargo de todo el proceso, desde hacer las piezas, hasta la fotografía y gráfica de producto, catálogos, sitio web. Además participo en exhibiciones donde tengo la oportunidad de mostrar piezas únicas. En el 2013 participé en una muestra dentro del circuito Schmuck, el más importante y antiguo a nivel mundial, donde luego realizamos junto a otros colegas las dos primeras exhibiciones de joyería contemporánea argentina en Munich y presentamos Proyecto Ojalá. La organización a distancia nos llevó casi un año. También doy clases en mi taller, y ahora estoy escribiendo para una revista del Reino Unido.

¿De qué se trata Proyecto Ojalá?
Es un juego que iniciamos en Munich en marzo de este año y durará hasta el 2016. Su principal objetivo es la difusión de la joyería contemporánea, a través de la creación colectiva e itinerante de piezas por gente de diversas partes del mundo. La idea es acercar a la gente a los materiales con los que trabajamos, a la forma de crear y expresarnos; generar una charla. Proponemos crear una joyería permeable a cada encuentro, como un significante que nos conecta y une.

Hay alguna crítica que le parece, ¿debería mencionarse hoy en el escenario joyero de Buenos Aires?
Creo que desde las artes tradicionales falta apertura hacia la joyería contemporánea. A los que hacemos joyería de autor nos es difícil encontrar un lugar dentro del mundo del diseño o el arte, aún más dentro del de la joyería clásica. Incluso a nivel de estudios formales, no tenemos aún un lugar en el sistema educativo. Existen excepciones, como la cátedra de Accesorios Kweitel-Koghon en la Facultad de Arquitectura, Diseño y Urbanismo de la Universidad de Buenos Aires, que ha incorporado a la joyería contemporánea como parte de su programa. Creo que sería muy positivo para la joyería tradicional y contemporánea, aceptarse mutuamente.